Una de las Ciencias mas interesantes y estudiadas a lo largo de la historia a sido la Quimica y esta es sistematizada, pero hay muchas cosas que aun la quimica no puede explicar platicaremos de ello y sera realmente interesante...algunas ideas fuera de lo normal...pero ciertas.


En tiempos de Constantino el Grande, vivió un notable erudito de aquella época llamado Julius Firmicus Maternus, y en sus obras significa por vez primera la palabra “alquimia”.

En la Biblioteca Imperial de París, se conserva el tratado más antiguo sobre alquimia conocido en Europa, escrito en griego por Zósimo de Panópolis alrededor de 400 años antes de nuestra Era y Eneas Gazeus escribió otro unos 800 años después.

Por el secretismo en las prácticas de la alquimia, Pierre Jean Fabre afirma que dicha palabra viene de la labor que desarrolló como artesano un hijo de Noé, Cham, y que en hebreo “chaman” quiere decir misterio, lo que unido a que la alquimia se consideró un misterioso y secreto arte, denominándose inicialmente como “al- chamanie”.
Es el círculo completo o sabiduría eterna, “Vigila durmiendo, pues somos la materia de la que se hacen los sueños”, Shakespeare en “La tempestad”.




A la izquierda el oratorio, a la derecha el laboratorio, la razón y la experiencia, en primer plano el horno que es la paciencia para cocer las imperfecciones o pasiones y encima de la mesa se simboliza a la música y a la armonía que han de acompañar en todo momento al opus magnum.



La alquimia en el futuro inmediato: células madre, nanotecnología e inteligencia artificial.


La diferencia entre la alquimia del pasado y la del futuro estriba en los métodos, pues los que ahora predominan son los científicos y no los alquímicos, ya que siendo métodos científicos sus resultados serán de tipo científico y no alquímico, tal y como afirman algunos, pero tendrán algo en común: la transmutación.
Así pues, de alguna manera se podría continuar denominando “alquimia” a la transmutación del futuro inmediato.

Existen afirmaciones de científicos que, al igual que las de los alquimistas sobre que habían conseguido la piedra filosofal, también dicen haber transmutado un elemento en otro, como por ejemplo la de Gleen T. Seaborg en 1.980 cuando afirmó haber transmutado plomo en oro pero en cantidades microscópicas y con enorme gasto de energía, o las de los científicos George Ohsawa y Michio Kushi, que en 1.964 decían haber transmutado sodio en potasio usando el arco eléctrico y también carbono y oxígeno en hierro.
Pero ninguna de estas “transmutaciones” ha podido repetirse por otros científicos, por lo que estas ideas se han desacreditado a sí mismas y han sido abandonadas. Quizá como las afirmaciones de muchos alquimistas …
Un elemento real actualmente y que produce en efecto la transmutación, es el constituido por el entorno de las células madre o stem cell.

Se define a la célula madre como la célula progenitora, autorenovable y capaz de generar células diferenciadas. Es decir, que un célula madre puede generar otra hepática, renal, nerviosa, ósea, …, o de cualquier otro tipo de tejido orgánico, capacidad que les confiere el calificativo de pluripotenciales. En los comienzos sobre el estudio de estas células, se creía que el poder regenerador lo poseían las provenientes de un embrión, pero ya se ha podido comprobar que las de una persona adulta tienen la misma capacidad regenerativa, por lo que en su utilización se podría cumplir el viejo sueño de todo alquimista respecto de la “panacea universal o elixir de la inmortalidad”, ya que cabe la posibilidad de regenerar cualquier parte del cuerpo y en cualquier edad.
Claro que todo ello en la actualidad se consigue solamente en los laboratorios, bien mediante cultivos in vitro (tejidos aislados en laboratorio) o in vivo (reparación de tejidos animales dañados), encontrándose esta práctica científica en sus albores, pero ya empieza a amanecer …
Nuestros ordenadores actuales difieren en mucho a los de hace 50 años, pues aquella enorme máquina llamada Enyac que dejaba con medias luces a todo New York mientras estaba en funcionamiento afortunadamente ya es historia, y el ordenador actual siendo mucho más capaz y rápido, consume apenas nada de electricidad.

Todo se ha empequeñecido y sin embargo es mucho más capaz y potente, hoy en día la electrónica intenta trabajar con micrómetros, siendo un micrómetro el milímetro dividido entre un millón de veces, este es el mundo de la microtecnología, y la del futuro tiende hacia el nanómetro, siendo el nanómetro un micrómetro dividido entre un millón, es decir, que la tendencia se produce con medidas equivalentes al billón de veces más pequeñas que el milímetro.

La pregunta que surge es: ¿ cómo puede fabricarse algo tan pequeño?
La respuesta todavía es teórica, aunque no imposible, y se trata de fabricar un robot con una doble capacidad:

1ª.- la de fabricar una determinada maquinaria o componente de manera
automática.

2ª.- la de fabricar a otro robot como él pero más pequeño.

Consecuencia: que se podría fabricar una maquinaria o un componente todo lo pequeño que se quiera.

Bienvenidos al mundo de la nanotecnología en el que las medidas resultan inimaginablemente pequeñas, lo que desata fácilmente la imaginación de cualquiera, como Ray Kurzweil cuando dice que mediante la nanotecnología se puede prolongar la vida indefinidamente …, es decir, otra forma de células madre, ya que se podría reconstruir cualquier tejido a partir de sus componentes atómicos y aquí es necesaria una consideración al respecto.

El átomo de hidrógeno se desintegra dando como resultado cuatro fotones, dos del protón y otros dos del electrón, siendo este proceso perfectamente reversible, puede hacerse extensivo a todo tipo de átomos ya que estos se forman a partir de las sucesivas modificaciones en el número de protones o del de electrones que han sido añadidos a este átomo de hidrógeno. Así pues puede pensarse en un robot lo suficientemente diminuto como para manipular electrones, protones o fotones, de esa manera podría “crear” cualquier tipo de átomo, y si la unión de átomos forma una célula, la unión de células una molécula, el conjunto de moléculas un tejido, los tejidos forman un órgano y el conjunto de órganos conforman un cuerpo, podría pensarse en la reconstrucción robotizada de cualquier parte del cuerpo, es decir la creación de vida a partir de sus elementos componentes o de la luz, los fotones.

Todo este proceso ha de tener forzosamente una directriz, un “cerebro” que rija todas las posibles operaciones, y entonces estaríamos hablando de la inteligencia artificial, la IA, a la que se ha comparado con la alquimia a través de aquellos intentos de Geber o de Paracelso, entre otros, para crear vida humana a partir de las destilaciones de sangre, orina o esperma.




Según el neurocientífico J. A. Calle Guglieri, la IA no puede sustituir al cerebro humano según la tecnología de la que disponemos hoy en día, porque el cerebro está constituido por unos cien mil millones de neuronas por término medio y cada una de ellas puede efectuar más de cien mil contactos sinápticos con otras, si a este vasto sistema neuronal le añadimos los contactos con neuronas de otros sistemas y toda la densa red de microcircuitos a lo largo del cuerpo, aparece ante nosotros una inmensa e increíble red de puntos luminosos mucho más numerosos que la cantidad de estrellas existente en todo el universo conocido, y todo este maravilloso conjunto luminoso es el llamado “cuerpo etérico”.

El hombre dispone de mente y la mente permite la dinámica de la auto-organización, siendo el cerebro la estructura biológica mediante la que esa dinámica organizativa se lleva a cabo.
La IA carece de mente pero tiene “cerebro”, ya que dispone de una estructura o programa informático insertado en un medio de almacenaje como un disco duro, para llevar a cabo la dinámica organizativa contenida en el programa, pero no puede salir de ahí, por lo que no puede crear, de esa manera, el hombre puede ejercer la alquimia, pero la IA que entendemos hoy, no, jamás.

La IA podrá tener una “mente” que se parecerá a la mente racional humana pero no puede tener las características de la mente intuitiva, y a propósito recordemos la afirmación de Einstein:


“ La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional su fiel sirviente. Nosotros hemos creado una sociedad que honra al sirviente y se ha olvidado del regalo.”

Parece clara la diferencia entre la IA y el hombre, aunque tengan en común una relación dada por una “mente” y un “cerebro”, la IA carece de una facultad que es prerrogativa humana: el autodescubrimiento, es decir, que el ser humano tiene la capacidad de inventar, así, uno de los investigadores de Xerox en Palo Alto, California, afirmó que:

“La mejor manera de predecir el futuro es inventarlo”

Y ello no puede hacerlo la IA porque no puede ni observar ni tomar decisiones fuera de las que se le hayan programado, por muy numerosas que estas sean. Entendiéndolo así, la IA pudo comenzar 450 años adC, cuando Platón narra un diálogo entre Sócrates y Eutidemo:

“Desearía saber cuál es la característica de la piedad que hace que una acción pueda considerarse como pía … y así la observe y me sirva de norma para poder juzgar tus acciones y las de los otros”

En esta constante observación para la acción, podría consistir el secreto de la transmutación y, por lo tanto, del sentido más profundo y filosófico de la alquimia, el que observa un resultado y decide una acción para mejorarlo y dotarle de mayor nobleza que el anterior.

En 1.959, Richard Feynman pronunció una de las conferencias más influyentes en toda la historia de la ciencia Física al referirse a este mundo subatómico, y es que la nanotecnología tiene el poder de cambiarlo todo, absolutamente todo, luego constituye la panacea de la transmutación, el sueño eterno de la alquimia, tanto que se están haciendo experimentos con pedacitos de ADN para los procesadores de nuestros ordenadores o motores del tamaño de un virus, tal es el experimento que están llevando a cabo un grupo de investigadores en la Universidad de Cornell, combinando elementos biológicos y mecánicos, de manera que una de estas máquinas pudiera estar trabajando en el interior de una célula humana, no solo regenerándola sino también vitalizándola generando la idónea electricidad necesaria para configurar esos fotones que inician todo el proceso de la “creación”.

Para que todo este proceso se lleve a cabo, han de intervenir necesariamente especialistas en todos los campos, tanto biólogos como físicos, ingenieros y autoridades en cualesquiera otras disciplinas, por lo que se precisa el desarrollo de la capacidad del diálogo y del intercambio entre especialidades cuyos resultados trascienden por completo los niveles alcanzados de manera individual por cada materia.

Esta exigencia y la actual condición humana seguramente retrasarán el proceso, pero nunca podrán pararlo como no han podido parar la filosofía de la alquimia.

Se afirma que la nanotecnología nos llevará a una auténtica revolución industrial, tal como el desarrollo de materiales mucho más fuertes que el mejor acero con solo el diez por ciento de su peso actual y que van camino de ser una realidad.

Mente y cerebro conforman la actividad del pensamiento a la que llamamos inteligencia, así pues, la inteligencia estriba en pensar para vivir y no en que se viva para pensar. Ocurre que si todavía la inteligencia humana tiene límites, es lógico creer que la IA producida por el ser humano será de mayor limitación, aunque pueda “pensar” con mayor rapidez, pero siempre lo hará de manera limitada.

Habrá que proceder de la forma más acelerada posible invirtiendo los términos para el futuro, pues la inteligencia humana actual tiene límites y parece que la estupidez no los conozca, tal como opinaba Einstein, que también reconocía:

“Que época tan triste la nuestra, es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.

Eloy Millet Monzó

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